José Enrique Ramírez García (José Ramírez IV) nació en Madrid, en mayo de 1953. Ingresó en el taller, como aprendiz, en 1971, a los 18 años de edad, y en 1977 llegó al grado de oficial. Cuando entró en el taller coincidió con la cumbre del proceso expansivo iniciado en los años 60, pero que pronto empezaría a declinar. En 1988 se hizo cargo de la dirección del negocio junto con su hermana Amalia, haciéndose cargo principalmente de definir los modelos que se estaban construyendo en esos momentos. Ya a mediados de los 80 se había detectado un cambio en los gustos sonoros de algunos guitarristas.

Un valioso reconocimiento, esta vez dirigido a la continuidad de su obra, se produjo en el año 1979. Entre varias guitarras que se habían escogido para llevárselas al maestro, iba una construida por él, José Ramírez IV, que hacía dos años accedió a la categoría de oficial en el taller de su padre. Fue una sorpresa, y una gran satisfacción para él, el hecho de que Segovia, sin saberlo, escogiera la guitarra por él construida. Tanta fue la alegría del joven guitarrero que se la regaló, y le escribió entusiasmado una dedicatoria que firmó y encoló junto a la etiqueta. El maestro estuvo usando aquella guitarra en muchos de sus conciertos hasta el final de sus días, con gran satisfacción como él mismo declaró en una carta suya dirigida a su autor. Y esa misma guitarra fue vendida a comienzos de 1997, en Japón, en 50.000 US$.

Por un lado se seguía apreciando el sonido rico en armónicos y profundo de nuestras guitarras, pero esta nueva corriente buscaba un instrumento con un sonido más claro y directo. Se decidió entonces hacer una serie de modificaciones en la estructura interna de nuestras guitarras -como el medio aro- siempre tomando como base el modelo de los años sesenta. Lo que se consiguió fue un instrumento que se acercaba a los nuevos gustos, pero sin perder del todo las características de los antiguos. Es en 1991 cuando José Enrique decide que este es un camino equivocado, y como muchas cosas en la vida es mejor deshacerlo todo y empezar desde el principio.



Comenzó a construir, en ese momento, una guitarra con todas las características sonoras de los años sesenta que denominaron Tradicional, y otra de nuevo diseño que no tenía nada que ver con la anterior, y que expresara ese sonido claro y directo que buscaban las nuevas tendencias. Esa guitarra, después de varios experimentos, quedó totalmente definida en el año 1992, y la denominaron Especial. Actualmente son las dos líneas que se construyen en el taller de Ramírez. José Ramírez IV, fundamentalmente, hizo una labor de definición y de perfeccionamiento de la labor realizada por su padre, aunque también introdujo sus propias innovaciones. Además de definir las dos líneas de las guitarras de clásico de profesional, desarrolló técnicas de construcción que hicieran los instrumentos más cómodos y fáciles de tocar, y también más estables en su montaje evitando en algunos casos, y reduciendo en otros, las deformaciones debidas a los movimientos de las maderas.



Otro capítulo importante es el de las guitarras de estudio, que ciertamente no atrajeron nunca la atención de José Ramírez III, quien se centró exclusivamente en las guitarras profesionales. Empezaremos por señalar que, ya en tiempos de José Ramírez I, estas guitarras, destinadas a principiantes, estudiantes y gente de poco poder adquisitivo, se vendían en las guitarrerías como alternativa a las hechas a mano que, naturalmente, eran mucho más caras y también de una calidad muy superior. Es decir, igual que ahora. José Ramírez I, que despreciaba las guitarras hechas en serie, también se vio en la necesidad de venderlas en su negocio. Al principio no les ponía etiqueta, pero con el tiempo se dio cuenta del error, ya que le venían con reclamaciones de guitarras que no habían sido vendidas en su tienda, pero al no llevar etiqueta no se podía rebatir la afirmación del cliente. Así que, finalmente, mandó hacer unas etiquetas especiales, diferentes a las que ponía en los modelos profesionales, y de este modo se acabaron los problemas.

En cuanto a José Ramírez II, no sólo continuó vendiendo guitarras de estudio hechas en serie, poniéndoles la etiqueta de la casa Ramírez, sino que además diseñó unos modelos de estudio que le hacían los mejores fabricantes que había entonces en Valencia. Uno de esos modelos se mantuvo hasta mediados de los 70 en la guitarrería, aunque ya entonces, desde hacía muchos años, se vendían modelos no diseñados por Ramírez, sino que se elegían entre la producción normal de algunas fábricas, buscando siempre, eso sí, una calidad lo más aceptable posible. En realidad, José Ramírez III, al igual que su abuelo, despreciaba las guitarras de estudio, por lo que no le importó esa lenta desaparición de las que antaño diseñara su padre. Sin embargo, José Ramírez IV no pensaba así.



Era muy consciente de la importancia de que esas guitarras para principiantes tuvieran una garantía de calidad respaldada por la casa. Se basaba en que alguien que empieza no debe, y por lo general no puede, hacerlo con una guitarra profesional, de modo que había que pensar en un instrumento que, además de ser accesible en precio, tuviera una buena calidad y resultara agradable de tocar. Así que en el año 86 diseñó una línea de estudio denominada "E", fabricada en exclusiva para Ramírez con una especial selección de maderas. Y ciertamente esa línea fue muy bien acogida como un buen punto de partida hacia el uso de la profesional. Más tarde, en el año 91, coincidiendo con los cambios realizados en los modelos profesionales, José Enrique diseñó otra línea de estudio más económica que la anterior, denominada "R", basándose en la plantilla del modelo profesional C86.